¿Recuerdas tus primeros “pinitos” manejando un carro? El mundo se veía
diferente. Parabas siempre detrás de la cebra, le cedías el paso a los peatones
y a la mujer que, con cara de súplica, te “pedía vía” insistentemente. El mundo
iba más despacio, y, a pesar del miedo inicial que te generaba manejar, eras un
conductor precavido. Se podía decir que en esa época todavía disfrutabas
conducir tu vehículo. Eras un conductor preventivo.
Un semáforo en amarillo era un SEMÁFORO EN AMARILLO. Ponías las
direccionales. Frenabas a tiempo, y con una distancia prudente con el carro de
adelante.
Ahora, de ese conductor prudente, quizás, no queda nada. Ahora manejas
estresado o dormido (depende de la hora del día en que estemos hablando)
comiendo (o embutiéndote el almuerzo antes de llegar a la oficina) chateando o, peor, zigzagueando
en línea recta después de tomarte unas cervecitas con tus amigos (que sólo
fueron dos... o por lo menos eso es lo que recuerdas).
Manejar
un auto hablando por celular se ha convertido en una verdadera pesadilla para
la seguridad vial. Aumentan los accidentes de tránsito y los conductores multados.
Verónica*,
diseñadora gráfica de Bogotá, nunca pensó que responder un mensaje por su
celular le costaría 2 millones de pesos “me distraje un momento a
contestar un mensaje en el chat de mi blackberry, aceleré distraída y no me di
cuenta que el carro que iba delante de mí no había arrancado. Lo choqué. Fue mi
culpa. Tuve que asumir las consecuencias del daño del otro vehículo y del mío”.
Como
este, son miles los incidentes de tránsito que ocurren todos los días en las
calles y carreteras de Colombia por culpa de conductores distraídos que contestan, hacen llamadas,
escriben o mandan correos electrónicos mientras manejan. Una
actividad sumamente peligrosa que no sólo supone una infracción económica para
el conductor sancionado, sino accidentes de tránsito mayores que pueden derivar
en un verdadero dolor de cabeza.
Pero, a pesar de las campañas de seguridad vial en Colombia y las
advertencias, cada vez más conductores utilizan sus teléfonos mientras manejan.
¿Por qué un conductor decide arriesgar su vida y la de otras personas por utilizar un teléfono celular en un momento en el que sus cincos sentidos deben estar puestos en conducir un vehículo?
Las muertes por accidentes de tránsito se
han convertido en una pandemia: 6 millones de personas mueren al año en
accidentes de tránsito en el mundo. Además del alcohol, la impericia y la
imprudencia, ahora un nuevo ingrediente se suma a la tragedia que día a día se
sufre en las calles y carreteras del país: la utilización indebida de los
teléfonos inteligentes o smartphones.
Estos
teléfonos, con 3 años de vida y popularidad en el país, se volvieron objetos
indispensables en la vida de los colombianos. La necesidad, e incluso, la
obsesión que estos teléfonos despiertan en las personas ya dan como resultado
nuevas enfermedades, como la Nomofobia o la “fobia a dejar el
celular en casa” y que se manifiesta en ansiedad, irritabilidad y dificultad
para concentrarse si no se tiene al lado al teléfono. Ya nadie puede desconectarse,
ni un minuto, de las redes sociales, del correo electrónico, de los chats
instantáneos o de las cientos de aplicaciones que un teléfono de ese orden
puede ofrecer.
En
Colombia, el problema está lejos de solucionarse. Aunque en países permitido
utilizar los llamados “manos libres” para hablar mientras se conduce, los que
están detrás del volante no están dispuestos a utilizarlos, ni ignorar una
llamada o un mensaje, y muchos menos detenerse para contestarlos.
Al cándido conductor de antaño y al ogro imprudente del párrafo anterior sólo los diferencia una sola cosa: un accidente de tránsito. Porque así asegures que la culpa la tuvo el hueco de la cuadra anterior o el aguacero que acaba de caer, en el 83% de los casos el factor humano (llámese conductor, pasajero o el peatón) es determinante en el accidente de tránsito. No el clima ni la vía, como quieres hacerle creer ahora al guarda de tránsito que te mira de reojo.
Y aunque pienses que tu suerte está perdida, que Dios así lo quiso
o que te levantaste con el pie izquierdo (y por eso no frenaste) sí es
posible evitar un accidente de tránsito.
¿Alguna vez has cometido una imprudencia por estar
hablando o
manipulando un celular mientras conduces?
Cuéntanos tu experiencia.
Hay varios factores que pueden
provocar un accidente de tránsito. El primero: tener un exceso de confianza
en ti mismo, en tu carro y en los demás “hay personas que son imprudentes
simplemente porque creen que nada puede fallar. Por eso, cometen actos
inseguros, no se interesan en conocer las normas de tránsito y no revisan su
auto frecuentemente. Se confían tanto que los accidentes parecen inevitables” .
En segundo lugar, las alteraciones emocionales y conductuales son las
que determinan que haya, o no, un accidente de tránsito.: manejar con exceso de velocidad,después de haberse
tomado unos tragos o sin dormir bien la noche anterior, estresado o después de
haber tomado medicamentos contraindicados con la conducción . Un
coctel explosivo que pronto te pasará la cuenta. Una cuenta muy larga de pagar.
Lo que hay que saber
El triángulo de la seguridad vial está compuesto por 3 elementos : El
factor humano, el vehículo y la vía. Cada uno de estos cumple una función
fundamental en el tránsito diario de vehículos. Por ello, un
conductor preventivo debe conocer el carro que conduce y las vías por las que
“frecuentemente” transita, o las que transitará (en un viaje por carretera, por
ejemplo). También, debe conocer las señales de tránsito de su entorno.
Y
aunque eventualmente la vía o el auto que conduce pueden estar en malas
condiciones y pueden ser los culpables de un accidente de tránsito, es
el conductor el que está atento a cualquier variable que pueda producirse en
los otros dos factores y evitar de esta manera un accidente de tránsito.
Manejar un automóvil va más allá de saber accionar una máquina. Por eso,
ahora se maneja en el tema de Seguridad Vial el concepto de “conductor
preventivo” que no es más que una persona tranquila, tolerante, prudente e
inteligente que se conoce a sí mismo y a su auto por igual.
Y es aquí donde se habla de 3 conceptos fundamentales: la percepción, la
intelección y la volición. ¿Difícil? No parece: El conductor preventivo
percibe lo que pasa a su alrededor, tiene los cinco sentidos puestos en la
experiencia de conducir, aprende de las malas experiencias propias y ajenas y
actúa regido por la voluntad de hacer las cosas bien. Así es posible evitar un accidente de tránsito.
Y aunque no lo creas, leer también te hará un conductor
preventivo. Sí, leer (pero no mientras conduces, claro). Leer el manual
del vehículo (ese que guardas celosamente en cualquier cajón de tu alcoba o en
la guantera de tu carro, nuevo y sin abrir en el mejor de los casos). Úsalo,
léelo cuando tengas tiempo: es más fácil cuidar algo cuando se sabe cómo funciona.
Por último, te ayudará mucho repasar el código nacional de Tránsito, en
el que conocerás las normas, las señales y las acciones que debes tener en cuenta
a la hora de conducir. Desconocer la norma no exime de cumplirla. Un axioma
indebatible de la Seguridad vial.
EDUCACIÓN Y ÉTICA CIUDADANA
Siguiendo esta perspectiva se parte en afirmar que todos somos transeúntes: en tanto peatones, pasajeros o conductores y por ello, como ciudadanos que transitamos tomamos decisiones cuyas consecuencias impactan en la vida personal y social dado que nos conducimos con prudencia o sin ella, preservamos o ponemos en riesgo la vida propia y la de los demás. Al mismo tiempo, somos actores capaces de participar en la construcción de normas, en la regulación del tránsito y en nuestra sociedad. El respeto a la normativa vial y la responsabilidad en el tránsito se resinifican en este marco, entendiéndose como parte de
un ejercicio cívico conciente, activo, constructivo; y la educación vial, como parte de propuesta de capacitación de quién desea obtener la Licencia Nacional de Conducir, se
integra, de esta manera, en un horizonte de sentido mayor:
la formulación del ciudadano.
Deseamos incluir en los objetivos de esta capacitación a la Formación Ética y Ciudadana, dentro de la cual se tratará el desarrollo de una moral autónoma y solidaria, en la que
las normas son respetadas por convicción y no por mera obediencia a la autoridad. Es por ello, que el aprendizaje de las normas de tránsito puede resultar significativo, en la medida en que instala la reconstrucción de su sentido, contexto de origen y aplicación, presentando las regulaciones como producto de un consenso social para la convivencia (y no como algo arbitrario, que requiere ser aprendido de memoria). Lograr que cada persona tome conciencia de que puede ser agente de salud y agente de riesgo es un objetivo, el cual implica el aprendizaje de actitudes y comportamientos seguros para la prevención de accidentes, para el cuidado y preservación del bienestar psicofísico propio y de los demás en situaciones de tránsito.
Teniendo en cuenta la importancia de los conceptos de convivencia y la ciudadanía es importante la promoción del sentido crítico y el comportamiento solidario para el desarrollo de acciones y trasformaciones del medio en que se habita. La educación del transeúnte procura generar actitudes y compromisos responsables y respetuosos en el uso de las vías del tránsito, en tanto espacios públicos de convivencia e interdependencia.
En la formulación más habitual de educación vial, se encuentran destacados los factores materiales o externos al sujeto, que hacen referencia a los sistemas que forman las “vías” o
“caminos” y las reglas y normativas vigentes para la circulación. En este primer capítulo se opta por un enfoque que haga explícito un claro énfasis en el usuario de la red vial, en
quien transita, cualquiera sea el medio o la forma que utilice para desplazarse. con la Educación ambiental considerada en sentido amplio, dado que nuestra intervención en el cuidado del medio ambiente es primordial en la preservación o trasformación
del mismo en beneficio del ser humano. Las vías de circulación son consideradas como ambientes sobre los cuales aportar para preservar la vida y mejorar su calidad, no sólo
en lo relacionado a los aspectos contaminantes del funcionamiento del sistema (contaminación sonora, del aire, visual, etc.) o en su estructura y despliegue material (factor
ambiental de los accidentes de tránsito) sino también para el desarrollo de un ámbito social público de convivencia más armónico, pacífico, sano y seguro (Isoba, M.C.; 2003).
Las vías públicas y el tránsito posicionan a muchos ciudadanos simultáneamente, en ambientes y situaciones de interdependencia, en las que los derechos y responsabilidades de cada uno frecuentemente se traducen en conflictos de complicada resolución. Es por ello, que teniendo en cuenta lo que hasta aquí se plantea, la educación vial del transeúnte se inscribe en la posibilidad de:
En este sentido, es fundamental la preparación del ciudadano transeúnte en las diferentes formas en que puede desempeñarse como tal, distinguiendo los diferentes roles:
la formación del peatón, la formación del usuario de transporte público de pasajeros y la formación del conductor de vehículos.
Asimismo, hay que considerar la existencia de una amplia diversidad de situaciones de tránsito en las distintas regiones geográficas de nuestro país: no es lo mismo habitar en
grandes centros urbanos intercomunicados por autopistas y atravesados por redes de transporte colectivo y ferrocarril, que en ámbitos rurales, surcados por caminos de tierra,
en los que circulan autos junto a caballos o carruajes, con escasa presencia de medios de transporte público.
Por otro lado sucede que, en un mismo centro poblacional, la circulación no es igual en todos los barrios, ni a toda hora ya que los vecinos transitan hacia adentro, hacia fuera o a través de su localidad en distintos momentos del día; se desplazan de una ciudad a otra o entre ellas y de las zonas suburbanas o rurales, a diario o en épocas de veraneo.
Todas las circunstancias mencionadas anteriormente conllevan a referirse al fenómeno del tránsito y a poner énfasis en la preparación de los ciudadanos para que los mismos puedan comprender las posibilidades, regulaciones y riesgos de las diferentes situaciones de circulación en las que participan o podrán participar en el futuro.
El fenómeno del tránsito debe comprenderse desde diferentes perspectivas y ubicarse en relación a los derechos y las obligaciones de los actores del tránsito.
Confiésanos qué imprudencia cometiste esta semana mientras manejabas tu
vehículo.

